Por Carmen S. Macías

Siempre legionario, siempre al servicio de la historia. El general de división Marcos Llago Navarro, que en abril cumplirá un año al frente del Instituto de Historia y Cultura Militar, soñó de niño con ser arquitecto, aunque reconoce que no tenía talento para el dibujo. Fue su padre quien le inculcó el amor por la Legión y el espíritu de servicio que le ha acompañado toda la vida. Tras destinos como Ceuta, Jaca, Ronda o Almería, hoy dirige el Instituto, encargándose de preservar y divulgar siglos de historia militar española, acercando valores, memoria y patrimonio a la sociedad y a las nuevas generaciones.

Pregunta.- Custodia la memoria de siglos de historia militar española, ¿qué responsabilidad supone ser el guardián de ese legado?

Respuesta.-

Supone una enorme responsabilidad y, al mismo tiempo, una gran satisfacción. Para cualquier soldado, una vez pasa a una situación de segunda actividad, pasar a una situación en la que puede dedicarse al patrimonio significa asumir la misión de cuidar un legado inmenso. Es un patrimonio que pertenece al Ejército, en particular al Ejército de Tierra, pero que, en realidad, es de todos los españoles. Poder contribuir a conservarlo, protegerlo y transmitirlo es, sin duda, tanto un honor como una responsabilidad.

Pregunta.- ¿Cómo se equilibra la preservación del patrimonio con esa necesidad de acercarlo a la sociedad actual? 

Respuesta.- Estamos en ello. El patrimonio es muy grande y, además, España es una gran nación, con muchos territorios. Intentamos llegar al máximo nivel posible a través de reproducciones, de la distribución de los fondos, de conferencias y de pequeñas salas de museo. También mantenemos contacto con colegios y universidades para tratar de acercarlo a la sociedad en general. Es complicado, pero lo intentamos y lo consideramos algo prioritario. Lo más importante es divulgar la historia y la cultura militar, que se conozca este patrimonio como una parte muy importante de la historia de España. Todo esto pertenece a todos los españoles, no solamente a nosotros.

Pregunta.- En abril hará un año dirigiendo el Instituto de Historia y Cultura Militar. ¿Qué líneas estratégicas quiere impulsar durante su mandato?

Respuesta.- Lo fundamental es dar a conocer nuestra historia a la sociedad, y muy especialmente a los jóvenes, para que se sientan orgullosos de ella y de la contribución del Ejército de Tierra a la historia de España. Queremos que conozcan también nuestro patrimonio, que es rico y valioso, y que pertenece a todos.

Pregunta.- ¿Es así como se puede combatir la desinformación histórica desde esta institución? 

Respuesta.- Nosotros decimos que, sin pasado y sin conocer nuestra historia, es muy difícil dar sentido al presente. Si no sabemos de dónde venimos, resulta complicado entender hacia dónde vamos e incluso hacia dónde deberíamos ir. Por eso, la labor de la historia es fundamental: conocerla, comprenderla y sentirse parte de ella sabiendo que siempre hay aspectos oscuros, pero en nuestro caso, en la cultura que llamamos hispanidad y en la aportación de nuestro Ejército, hay muchas más luces que sombras.

Pregunta.- ¿Qué es lo que más curiosidad suscita del museo? 

Respuesta.- Lo que más atrae a los jóvenes son las anécdotas. Pero a través de esos episodios singulares de nuestra historia logramos ir más allá y profundizar en los principios y los grandes hechos. De esta manera, ellos reciben un mensaje claro y nítido que realmente logran asimilar. 

Pregunta.- ¿Hay margen para reinterpretar la historia militar o los documentos que custodia el Instituto, o marcan un límite claro?

Respuesta.- Creo que hay que asumir el devenir histórico. Hay hechos históricos que no se han interpretado, no diría correctamente, sino que ha habido una interpretación, a lo mejor interesada, que no responde exactamente a la realidad. Nosotros, los españoles, creo que hemos aportado al mundo muchas cosas buenas y, aunque haya alguna sombra, algún momento oscuro, son muchas más las luces. Creo que, por diferentes motivos, a España y a nuestra sociedad en general nos ha faltado valorar todo lo que hemos aportado, todo lo bueno que hemos hecho. No se trata de reinterpretar la historia, sino de entenderla de una manera que nos permita sentirnos orgullosos y que nos ayude a ver hacia dónde deberíamos dirigirnos. 

Pregunta.- ¿Y hacia dónde debiéramos ir? 

Respuesta.- Eso se lo irá marcando el devenir histórico, pero lo que sí tenemos que sentirnos es orgullosos de nuestro pasado como nación y de lo que hemos aportado al mundo para que este progrese. Debemos ir siempre hacia una sociedad mejor y que, tanto lo bueno como lo malo que hemos hecho en otros momentos del pasado, nos sirva para proyectar un futuro mejor a nuestros hijos.

Pregunta.- ¿Qué aprendió realmente el ejército de la batalla de Annual? 

Respuesta.- La batalla de Annual nos enseñó que a veces se cometen errores que nos pueden costar vidas y que siempre hay que estar preparados para la guerra. Como dice el adagio, si queremos la paz, debemos estar preparados para la guerra. Nuestro deber es defender los valores de la sociedad y estar listos para los combates que puedan surgir. Aunque hubo derrotas, la lección principal es aprender de aquel triste episodio para que nunca se repita.

Pregunta.- ¿Y qué capítulo de la historia militar española considera más determinante para entendernos como nación? 

Respuesta.- Hay muchos. La verdad es que nuestra historia es muy larga y con muchos hechos importantes. Creo que la época de los Tercios y del Gran Capitán fue especialmente relevante, porque fue cuando los ejércitos se unieron con la sociedad y se identificaron con ella. Hoy, en el siglo XXI, el Ejército y la sociedad siguen alineados con valores similares, y podemos emular aquel espíritu de compromiso y unidad.

Pregunta.- ¿Cree que España ha contado bien su historia militar o aún hay episodios que merecen una revisión justa? 

Respuesta.- Siempre hay episodios que no se han contado por completo o en los que nos hemos centrado en otros, y sí, siempre ocurre. Esto pasa en todas las naciones, no solo en España.

Pregunta.- ¿Qué papel han tenido las unidades de élite, como la Legión, en la construcción de nuestra identidad militar?

Respuesta.- La Legión es relativamente moderna; este año cumple 100 años. He tenido la suerte de servir en ella y creo que, a lo largo de este siglo, ha aportado mucho, especialmente en fortalecer la relación entre el Ejército y la sociedad.

Pregunta.- Si el miedo pudiera hablar, ¿qué le diría a un legionario? 

Respuesta.- Un legionario, como cualquier persona, es un hombre o una mujer que tiene familia y que siente miedo. La dificultad está en vencer ese miedo en los momentos difíciles, confiando en que se está sirviendo a valores superiores y apoyándose en el compañero que tiene al lado.

Pregunta.- ¿El miedo tendría miedo a un legionario? 

Respuesta.- Espero que sí. Conozco bien a los legionarios y puedo decir que, tanto damas como caballeros, quieren ser valientes y desean que el miedo les tenga miedo.

Pregunta.- ¿En qué momento decidió ser novio de la muerte? 

Respuesta.- Mi padre hizo el servicio militar, pero yo no vengo de familia militar, ni soy hijo de militar. Recuerdo que, desde pequeñito, me decía: “Si tu hermano tiene algún problema, primero defiéndelo, con razón o sin ella, y luego ya veremos quién tiene que actuar o si es culpable, pero tú lo defiendes”. Mi padre era un enamorado de la Legión y de la manera de orientar ese credo legionario. Cuando salí de teniente de la Academia General Militar, tuve la oportunidad de unirme a ella. Ahí conocí a los legionarios, los entendí y poco a poco los fui queriendo. No fue un proceso progresivo de un clic repentino; fue ir conociéndolos, comprendiendo su espíritu y su compañerismo, y sentir que quería formar parte de eso. Me llamaron la atención su manera de vivir y actuar, y eso hizo que yo quisiera acercarme y conocerlos más de cerca. 

Pregunta.- ¿Qué legado conserva de entonces, de la legión? 

Respuesta.- Todo. Yo soy un soldado, pero incluso ahora, cuando he sido comandante general o director de la Historia y Cultura Militar, digo siempre que yo soy legionario, no puedo ser otra cosa. He sido teniente, capitán, comandante, coronel y general de la Legión; llevo toda mi vida ahí. Y, aunque ahora he dirigido otras unidades, como comandante general de Ceuta, siempre les decía a todos: “Ya sabéis que yo soy legionario, pero os prometo que con todo mi esfuerzo voy a ser el comandante general de todos”.

Pregunta.- Si pudiera entrenar a un civil para convivir con el miedo como un legionario, ¿qué le enseñaría primero? 

Respuesta.- Lo primero sería a ser persona y a ser buen compañero. Porque cuando uno es buena persona y tiene principios, creyendo en los valores que defiende, no necesita aprender nada más: el miedo se supera, seguro, especialmente con el compañero al lado.

Pregunta.- ¿Cómo se transmite tradición sin caer en la nostalgia, pero sin perder la esencia? 

Respuesta.- Yo creo que la tradición no está reñida con el progreso y con la adaptación a los tiempos. Ciertas esencias y formas externas están basadas en la tradición, pero lo importante, desde luego, es estar adaptado a la sociedad a la que sirves y a los tiempos en los que estás. No se puede pretender mirar el pasado con ojos del presente, pero tampoco, en el momento presente, vivir cosas del pasado. La tradición es algo más simbólico: está ahí para querer respetar a los que nos precedieron y reconocerles su legado, pero, desde luego, ese legado hay que adaptarlo a los tiempos actuales; no puede ser de otra manera.

Pregunta.- ¿Cómo se vive el mando en una ciudad con tanta carga simbólica como Ceuta?

Respuesta.- El mando en Ceuta se vive intensamente, porque hay una unión total entre la sociedad y el Ejército. El comandante general tiene una carga institucional y social muy importante, similar a Melilla, pero en un grado superior al resto de ciudades de España. Ceuta ha sido históricamente una llave de entrada a la península y su presencia militar ha sido fundamental, lo que la convierte en un lugar único donde la tradición y la historia se sienten cada día.

Pregunta.- ¿Y hoy en día, qué vínculo mantiene con sus unidades, con Ceuta? 

Respuesta.- Mucho. Por ejemplo, he felicitado a muchos de mis soldados y de civiles que profesan la religión musulmana y que han empezado el ramadán y me estaban contestando todos. Mantengo mucho vínculo no solo con la guarnición de Ceuta, sino con sus gentes, con la sociedad y con las instituciones. 

Pregunta.- ¿Qué aporta el arte, especialmente la pintura histórica, a la memoria militar? 

Respuesta.- El arte de la pintura es algo fundamental, y hemos tenido grandes pintores militares, también civiles, que han representado episodios y motivos relacionados con la milicia. Y no digamos ahora, que tenemos a un gran pintor de batallas, Augusto Ferrer-Dalmau, que hace unos cuadros maravillosos y que transmiten sentimientos, principios, esencias y sufrimientos; transmiten mucho de lo que nuestros soldados han dado y dan cada día por la sociedad.

Pregunta.- ¿Qué siente cuando ve una obra de Ferrer-Dalmau que representa una unidad o un episodio que usted ha vivido? 

Respuesta.- Augusto consigue transmitir a través de la pintura los valores. Cuando además son episodios que yo he vivido, o que me han contado, la pintura nos llega a todos los sentidos. 

Pregunta.- ¿El arte puede corregir olvidos históricos o recuperar episodios poco divulgados

Respuesta.- Está contribuyendo de una manera importante a reconsiderar ciertos episodios de nuestra historia o a exaltar la parte más positiva de esos hitos. 

Pregunta.- ¿Qué episodio de nuestra historia militar merecería una gran obra pictórica que aún no existe? 

Respuesta.- No sé si Augusto ha pintado las últimas laureadas de la Legión al hecho de Fadrique y el legionario Maderal Oleaga, que es un hecho también glorioso de nuestras Fuerzas Armadas. 

Pregunta.- ¿Qué retos culturales y educativos afrontan las Fuerzas Armadas en los próximos años?

Respuesta.- Este año, 2026, con motivo del 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, estamos intentando recuperar todo el legado que España y su Ejército han aportado al surgimiento de aquel país. Además, el Ejército de Tierra va a centrar la efeméride en los pensadores militares que hemos tenido. A menudo se piensa que solo los pensadores militares han sido anglosajones, pero nosotros también tenemos una escuela muy importante que no se ha valorado como merece. En 2026, por tanto, se destacará especialmente a los pensadores del siglo XVIII y XIX.

Pregunta.- ¿Qué momento de su carrera le marcó de forma definitiva? 

Respuesta.- El primer momento decisivo fue cuando mi padre me dijo que creía que yo valía para militar, y le respondí: “Vale”. Eso me hizo reflexionar. Creo que ya lo llevaba dentro, pero ese día, siendo aún civil, tomé la decisión de ser soldado. Tenía catorce años. En aquel entonces quería ser arquitecto, aunque, a diferencia de Augusto o de mi hijo de tres años, dibujar se me daba realmente mal, a pesar de que las matemáticas y la física se me daban muy bien. Ya dentro del Ejército, el día que tuve la suerte, porque en esto también depende de que te llegue la oportunidad, de ser destinado a la Legión, al Tercio Don Juan de Austria, marcó definitivamente el rumbo de toda mi vida militar.

Pregunta.- ¿Qué significa para usted la palabra servicio? 

Respuesta.- Estar dispuesto a entregar tus esfuerzos, no en beneficio personal. Todas las personas tenemos un poco de ego, pero hay que intentar controlarlo y ser consciente de que el último debes ser tú. Eso lo aprendemos los soldados desde el principio, hasta en los más pequeños detalles: por ejemplo, el capitán es el último que pasa a comer en las filas de una compañía. 

Pregunta.- ¿Qué legado le gustaría dejar al frente del Instituto? 

Respuesta.- Que he puesto mi grano de arena y que el legado que he recibido de los que me han precedido, en la medida de lo posible, lo he mantenido o lo he mejorado. 

Marcos Llago Navarro
General de división y director del Instituto de Historia y Cultura Militar

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