Por Carmen S. Macías
El Teniente General Miguel Ballenilla (Alicante, 1963) lleva más de cuatro décadas viviendo la profesión que eligió casi por intuición, cuando aún era un niño fascinado por el Sáhara y por el ejemplo silencioso de su padre. Desde su ingreso en la Academia General Militar en 1982 hasta su llegada a la dirección del CESEDEN en enero de 2023, su trayectoria ha atravesado los escenarios que forjan a un militar: la Legión, las misiones internacionales, el mando en entornos complejos y la enseñanza superior de las Fuerzas Armadas.
Pregunta.- Como Director del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional, ¿cuáles considera que son los principales retos estratégicos que España deberá afrontar durante la próxima década?
Respuesta.- El principal reto que tiene España es asumir que la seguridad vuelve a situarse en el centro del tablero estratégico. Es decir, que la seguridad es una condición necesaria para la prosperidad.
Durante años hemos dado por supuesto que el entorno internacional era relativamente estable, que el tráfico marítimo disfrutaba de la libertad de los mares gracias a la existencia de una gran potencia que lo garantizaba, y que las fronteras eran inviolables y seguras. Sin embargo, los acontecimientos recientes, y muy especialmente la invasión rusa de Ucrania, han mostrado a los europeos que ese escenario no era permanente. Este cambio de mentalidad implica también una transformación en los esfuerzos necesarios para garantizar nuestra seguridad, que en última instancia es lo que sustenta nuestra prosperidad. Este, probablemente, sea el reto más relevante.
Pregunta.- ¿Qué capacidades deberían desarrollar los futuros oficiales para adaptarse a un entorno marcado por la inteligencia artificial, la guerra híbrida y la competencia entre potencias?
Respuesta.- Lo primero es mantener las virtudes clásicas asociadas a la profesión-formación militar, que siguen siendo esenciales. A partir de ahí, es necesario incorporar nuevas competencias que permitan adaptarse a un entorno tecnológico en rápida evolución. No se trata de formar oficiales expertos en inteligencia artificial o en tecnologías avanzadas, sino de asegurar que sean capaces de comprender y aprovechar ese ecosistema para mejorar la toma de decisiones.
Si no se conocen las herramientas y los sistemas, es difícil sacarles el máximo rendimiento. Ahora bien, esto no implica convertirse en ingenieros, sino alcanzar una alfabetización tecnológica sólida. Del mismo modo que los militares no diseñan el armamento que utilizan —ya sean cañones, fragatas o aviones o sistemas complejos—, pero sí deben conocerlo en profundidad para emplearlo eficazmente, ocurre lo mismo con la inteligencia artificial: se trata de entenderla y saber aplicarla, no de desarrollarla.
Pregunta.- ¿Cómo puede el CESEDEN contribuir a fortalecer la cultura de la defensa entre la sociedad española?
Respuesta.- La cultura de defensa a veces se percibe como un intento de militarizar a la sociedad, pero en absoluto es así.
La clave es hacer comprender que la libertad, la seguridad, la convivencia y la prosperidad tienen un coste en términos de esfuerzo, riesgo y responsabilidad. La cultura de defensa consiste precisamente en trasladar la idea de que el entorno de prosperidad del que disfrutamos, las libertades que ejercemos y la democracia que queremos preservar requieren un compromiso colectivo. Implica asumir que todo ello exige también esfuerzo y, en ocasiones, sacrificio.
Pregunta.- Tras su experiencia en operaciones internacionales y en la enseñanza militar superior, ¿qué enseñanzas considera más relevantes para la formación de los líderes militares del siglo XXI?
Respuesta.- El liderazgo auténtico se demuestra en la dificultad. En las operaciones reales, el mando deja de ser una teoría para convertirse en una responsabilidad directa sobre personas y decisiones. Con frecuencia es necesario decidir sin disponer de toda la información, lo que exige evitar la parálisis y mantener siempre el foco en el cumplimiento de la misión.
El liderazgo consiste en equilibrar todos esos elementos: observar, escuchar, comprender la situa ción y, finalmente, tomar decisiones. Ahí es donde reside el verdadero mando: en la capacidad de observar y escuchar activamente para mejorar el conocimiento del entorno y, a partir de ahí, asumir la responsabilidad de decidir. Esa toma de decisiones no es arbitraria ni voluntaristaautoritaria, sino el resultado del análisis, la experiencia y la información disponible, incluso cuando es incompleta.
Pregunta.- Usted, que ha servido gran parte de su carrera en la Legión, ¿cuáles de sus valores considera más vigentes y necesarios en la sociedad actual?
Respuesta.- Los valores asociados a la milicialegionarios no son exclusivos de los militares; en realidad, son valores que pertenecen al conjunto de la sociedad. Son principios que nos fortalecen y enriquecen como comunidad. Ahora bien, es cierto que a los militares se nos debe exigir un nivel especialmente alto de cumplimiento de esos valores.
Si tuviera que destacar algunos del espíritu legionario, subrayaría el compañerismo, la vocación de servicio y la capacidad de sacrificio llevada al máximo nivel, siempre con el sentido del servicio a España como referencia. Estos son los elementos de ese espíritu legionario que yo destacaríasalvaría.
Pregunta.- ¿Cómo influyó su paso por el Tercio Gran Capitán y posteriormente por la X Bandera?
Respuesta.- Mi perfil como militar está muy influido por mi paso por las unidades legionarias. He servido en ellas durante 22 años, lo cual marca profundamente una trayectoria profesional. Mi primer destino, recién egresado de teniente, fue precisamente en la Legión. Esa experiencia refuerza, en primer lugar, la idea de la responsabilidad del mando, un liderazgo que se ejerce sobre todo desde el ejemplo. Si uno quiere influir en el ánimo y en el espíritu de sus subordinados, debe ser el primero en dar ejemplo. El mando no se ejerce desde atrás, sino desde delante; no se trata de decir ¡avanzar! sino ¡seguidme!“síganme”, sino de demostrarlo con los hechos. Esto deja una huella muy profunda. También destaca el valor de la cercanía en el trato, que considero uno de los grandes tesoros de la Legión: una autoridad que no está reñida con la proximidad, con la capacidad de escuchar y de preocuparse por los problemas de los subordinados.
Finalmente, la confianza es un elemento esencial. A lo largo de mi experiencia he comprobado queque, sin confianza en los subordinados, en los compañeros y en los superiores, es muy difícil ejercer un mando pleno. Esa confianza es clave para que el cumplimiento de la misión, que es siempre el objetivo último, se alcance con éxito.
Pregunta.- Tras haber mandado una Bandera de la Legión en Afganistán, ¿qué enseñanzas de liderazgo se llevó que aplica hoy?
Respuesta.- El auténtico liderazgo se practica en entornos complejos. Deja de ser algo teórico para convertirse en una praxis real. El mando de la X Bandera “Millán Astray” de la Legión en Afganistán supuso precisamente un entorno difícil y exigente, en el que era necesario velar constantemente por la seguridad de los hombres y mujeres bajo mi responsabilidad, tomar decisiones con frecuencia sin disponer de toda la información y asumir plenamente las consecuencias de esas decisiones. En ese contexto, el ejemplo resulta fundamental: estar presente en los momentos más complejos, en situaciones de combate o bajo fuego enemigo, y en desplazamientos por terrenos en los que cualquier curva o desnivel podía ocultar una mina. Esa ejemplaridad en la acción es, sin duda, la esencia de este tipo de liderazgo, que se aprende en la práctica y que debe transmitirse.
Pregunta.- ¿Cómo ha evolucionado la Legión desde que usted era teniente hasta la actualidad y qué aspectos esenciales han permanecido inalterables?
Respuesta.- Ha evolucionado muchísimo. A menudo tendemos a analizar de forma aislada a las Fuerzas Armadas del resto de la sociedadla evolución del periodismo, de las Fuerzas Armadas o de la universidad, pero lo cierto es que lo que ha cambiado en profundidad es la sociedad en su conjunto. Y la Legión, como parte de ella, no es una excepción.
Ha evolucionado en la misma dirección, pero manteniendo sus esencias. El credo y el espíritu legionario del que hablábamos anteriormente constituyen una línea que une la época fundacional con la actualidad. Valores como el compañerismo, el sacrificio, el espíritu de servicio y la capacidad deel sufrimiento son los que permanecen inalterables.
¿Qué ha cambiado entonces? Principalmente, la tecnología que acompaña a las unidades y los procedimientos de actuación. También la participación en misiones internacionales a partir de 1992 ha supuesto una transformación profunda, un enriquecimiento y, al mismo tiempo, un reto para mantenerse al máximo nivel.
Pregunta.- ¿Qué significado tiene para usted el credo legionario y cómo puede inspirar a las nuevas generaciones de militares?
Respuesta.- El Credo legionario es mucho más que unas frases retóricas que se recitan o se exhiben en las paredes de los alojamientos. Es un compendio de la tradición militar española más profunda. Habla de disciplina, de sufrimiento, de compañerismo, de sacrificio, de esfuerzo e incluso de la entrega de la vida por España. En definitiva, constituye un cuerpo de valores que recoge la esencia del espíritu militar español, que Millán Astray supo expresar de forma brillante y que resulta fácil de interiorizar. Es un espíritu que se transmite con fuerza y que deja huella en quienes lo viven.
En mi caso, ha sido determinante. Ha influido en la forma en la que entiendo y ejerzo el mando y la profesión militar. Pueden haber cambiado los procedimientos y la tecnología, pero ese fondo de valores permanece inalterable. Es el alma de la Legión, su núcleo esencial, aquello que puede adaptarse en lo externo, pero que se mantiene intacto en su esencia.
Pregunta.- ¿Cómo gestiona el miedo un legionario?
Respuesta.- Miente quien diga que no tiene miedo. La verdadera valentía consiste en superarlo.
En mi opinión, ese proceso se basa fundamentalmente en la formación. La preparación es esencial. Cuanto más esfuerzo y entrenamiento se dedica a la preparación para el combate, más vidas se preservan en el combate real. La forma de superar el miedo es exponerse a entornos de entrenamiento exigentes que permitan familiarizarse con situaciones hostiles. A lo largo de mi carrera, en ejercicios y maniobras en campos como Almería, Chinchilla o San Gregorio, escuché y viví simulaciones de disparos de mortero en múltiples ocasiones durante mi etapa como cadete y posteriormente como oficial. Sin embargo, la primera vez que los experimenté como objetivo real fue en Bosnia, en 1992. Ese tipo de entorno —el ruido, el humo, el olor, las sensaciones— se interioriza con la experiencia. Uno es consciente de que en el cumplimiento de la misión puede perder la vida, pero el miedo no procede tanto del entorno hostil en sí, sino de la novedad de la situación, que puede llegar a paralizar si no se ha vivido antes. Cuando estás acostumbrado a operar en ese contexto, el siguiente paso es asumir con plena conciencia que el cumplimiento de la misión, y el servicio a España, pueden exigir asumir ese riesgo en determinados momentos.
En mi opinión, ese proceso se basa fundamentalmente en la preparación. Cuanto más esfuerzo y entrenamiento se dedica a la preparación para el combate, más vidas se preservan en el combate real. La forma de superar el miedo es exponerse a entornos de entrenamiento exigentes, que permitan familiarizarse progresivamente con situaciones hostiles.
A lo largo de mi carrera, en ejercicios y maniobras en campos como Almería, Chinchilla o San Gregorio, realicé ejercicios de fuego real con fusilería, ametralladoras, morteros y artillería. Todo ello te familiariza con sensaciones físicas y anímicas muy similares a las del combate: el ruido, el impacto, la tensión, el cansancio, la incertidumbre.
Cuando las experimenté por primera vez en Bosnia, en 1992, muchas de esas sensaciones ya no me eran completamente ajenas. Eso ayuda a que no te bloqueen y te permite concentrarte en el cumplimiento de la misión. Eres consciente de que puedes perder la vida, pero el miedo no procede solo del entorno hostil, sino también de la novedad, de lo desconocido y de la posibilidad de quedar paralizado por la situación.
Cuando estás acostumbrado a operar en ese contexto, el siguiente paso es asumir con plena conciencia que el cumplimiento de la misión, y el servicio a España, pueden exigir incluso la entrega de la propia vida.
Pregunta.- Las obras de Ferrer-Dalmau suelen reflejar episodios de heroísmo y sacrificio. ¿Cree que el arte puede ayudar a transmitir los valores militares a la sociedad?
Respuesta.- Creo que es lo que mejor nos transmite una idea. Se suele decir que una imagen vale más que mil palabras, y es cierto: una sola imagen puede condensar una historia completa. Por ejemplo, un cuadro de Ferrer-Dalmau puede reflejar el heroísmo de los legionarios en el Blocao de la Muerte, o la complejidad del desembarco de Alhucemas, así como la valentía, el sacrificio y el heroísmo de una forma visual muy poderosa.
Lo interesante es que esa imagen puede incluso complementar o matizar la lectura previa que uno haya tenido de ambos acontecimientos. Le aporta color, vida y emoción, y consigue transmitir sensaciones que, en ocasiones, los libros de texto no logran trasladar con la misma intensidad. El ser humano es, ante todo, un ser visual. La vista tiene una fuerza emocional e intelectual extraordinaria. Nuestra percepción más determinante no es el olfato ni el oído, sino la vista. Por eso, aquello que entra por los ojos tiene un impacto inmediato y duraderomucho mayor.
En el caso de las obras de Ferrer-Dalmau, no se trata solo de representar batallas, sino de transmitir sensaciones, emociones y vivencias.
Pregunta.- ¿Qué episodio de la historia militar española considera que ofrece mayores lecciones para los líderes actuales?
Respuesta.- Estando actualmente en el CESEDEN, y habiéndose conmemorado recientemente el centenario del desembarco de Alhucemas, considero que se trata de una operación ejemplar. Lo es, en primer lugar, por la modernidad que supuso en su momento, al integrar por primera vez de forma coordinada fuerzas terrestres, navales y aéreas en una operación anfibia anticipando una concepción conjunta que hoy consideramos imprescindible. Aquello, que hoy nos parece habitual, era entonces un auténtico hito en la historia militar. Se trataba de una operación de enorme complejidad y riesgo, que fue afrontada con valentía tanto desde los niveles de mando más altos, conscientes de lo que estaba en juego, como por los propios hombres que desembarcaron desde las barcazas en la playa. Para ellos no había posibilidad de retirada: en un desembarco no existe la huida, solo el avance. Y es precisamente ahí donde se refleja el valor del soldado: en avanzar sabiendo lo que se está defendiendo y asumiendo que la vida puede estar en juego, pero que la misión merece ese esfuerzo.
Pregunta.- Si tuviera que elegir una pintura de Ferrer-Dalmau para representar el espíritu de la Legión, ¿cuál sería?
Respuesta.- El Blocao de la Muerte lo resume de forma muy clara. Representa buena parte del Credo legionario del que hablábamos anteriormente.
En primer lugar, simboliza el sacrificio llevado hasta el extremo de arriesgar e incluso perder la vida, así como la decisión de acudir al fuego en el momento de mayor peligro. Pero también refleja un valor fundamental para mí: el compañerismo. Compañeros que, sin ser necesariamente legionarios, están sufriendo y en una situación límite, a punto de sucumbir, y que aun así los legionarios dan un paso al frente de forma voluntaria para acudir en su ayuda, impulsados por ese sentido del compañerismo, del combate y del sacrificio.
Además, es especialmente ejemplar por otra razón: no estamos hablando de oficialesaltos mandos, sino de un cabo que lidera a sus hombres en esa acción. Es decir, es el espíritu legionario aplicado en su forma más pura por sus verdaderos protagonistas: los legionariosdirecta, desde el nivel más básico y auténtico de la unidad.
Pregunta.- ¿Considera que la historia militar sigue siendo una herramienta fundamental para la formación de oficiales y mandos en el siglo XXI?
Respuesta.- Esa es mi lucha permanente. Lamentablemente, la historia ha ido quedando relegada en los planes de estudio militares, y creo que eso es un error. No necesariamente debe ocupar un lugar central, pero sí es un elemento imprescindible en la formación. ¿Por qué es imprescindible? La historia recoge la experiencia de combate de generaciones anteriores, y esa experiencia inspira tanto las decisiones del presente como las del futuro.
Hay elementos en la guerra que cambian y otros que permanecen. Cambia la tecnología -antes hablábamos de lanzas, hoy hablamos de drones-, pero el ser humano que los utiliza es esencialmente el mismo, con sus virtudes, sus defectos, sus pasiones y sus vulnerabilidades.
La guerra, en el fondo, es un fenómeno profundamente humano. Por eso, conocer cómo se desarrolló en el pasado, cómo se tomaron decisiones en situaciones difícilessimilares y cómo se aplicaron los medios disponibles para conducir el combate resulta fundamental como fuente de inspiración. Podríamos citar numerosos ejemplos de grandes capitanes y mandos militares que reconocieron en la historia como una guía esencial para sus campañas. Yo suelo recordar a los alumnos que el conocimiento de la historia no garantiza ser un gran capitán, pero prácticamente no existe un gran capitán en la historia que no haya sido un gran lector de la historia militar. Por eso considero que la historia debe estar presente de forma relevante en la formación de nuestros militares.
Pregunta.- Después de una trayectoria que combina mando, operaciones y enseñanza, ¿cómo le gustaría ser recordado?
Respuesta.- Me gustaría ser recordado, sobre todo por mis subordinados, como un jefe responsable, que supo escucharlos y atender sus necesidades, pero que también fue ejemplar en su conducta y en su forma de ejercer el mando.




